La joven fue acosada por familiares de cuatro imputados y a fin de año se suicidó.

Paula Martínez, que fue drogada y violada grupalmente por al menos cinco varones en una casa de Florencio Varela en diciembre de 2016, luchó durante cinco años para que el delito no quedara impune. En el camino soportó el hostigamiento y las amenazas de los familiares de los cuatro detenidos por la violación, que viven en el mismo barrio. Estaba aterrada, angustiada y también demasiado cansada por el abandono del Estado, que no la acompañó ni le brindó asistencia económica ni psicológica. A fines del año pasado, a los 23 años, se suicidó.

Paula Martínez

Esa guerrera sembró a una madre, Sandra Zapata, que ahora continua la pelea, “de pie” y “empoderada”, ante el Tribunal Oral en lo Criminal 4 de Quilmes en el juicio que comenzará mañana contra Cristian Chávez, Rubén Chávez, Diego Domínguez y Gustavo Carbonel, imputados por el delito de abuso sexual con acceso carnal agravado por la participación de dos o más personas. Hay otro imputado de violación suelto, prófugo, Mauro Nair Goncalves, y una recompensa de 4 millones de pesos para quien pueda aportar información sobre su paradero.

A Zapata le preocupa el futuro porque ella con los tres hijos de Paula y sus propios hijos, siete niños en total, siguen viviendo en el mismo barrio en Florencio Varela. Siguen rodeados de los familiares de los cuatro acusados, que infringen sistemáticamente las restricciones perimetrales ordenadas por un juez.

“Yo pido la reclusión perpetua para los violadores porque por ellos mis nietos están sin su mamá y yo sin mi hija; ella me decía que no quería que nunca más le hicieran daño a ninguna chica. No voy a parar, le arruinaron la vida a mi hija. Si luché tanto por una, imagínense si no voy a luchar por siete, para que mis hijos y mis nietos tengan una vida digna”, agrega Zapata y asegura que Paula estaba “muy cansada”, tenía pánico y terror y necesitaba estar acompañada todo el tiempo. “Hoy la entiendo más; el miedo que da estar sola y cómo los pensamientos y los recuerdos te atormentan -reconoce-. Ella quería justicia y durante todos estos años vivió un calvario desde el día que la violaron. El dolor es desgarrador y no se lo deseo a nadie, pero también me da paz porque ella ya no sufre… Hija, descansá en paz, volá alto que mamá se encarga”.

Fuente: Página/12