En medio de las denuncias por violencia de género de parte de monjas de la congregación Carmelitas Descalzas, el arzobispo Mario Antonio Cargnello no estuvo anoche en la misa de Jueves Santo. En cambio, sí presidió la ceremonia otro de los religiosos denunciados, el obispo emérito Martín de Elizalde, quien evitó a la prensa y se limitó a su homilía.

La misa por el Jueves Santo se dio en medio de diferentes situaciones atípicas, una de ellas fue el regreso del ritual del tradicional lavado de pies. Hace dos años que no se realizaba por las restricciones de la pandemia de COVID-19. En esta oportunidad, un cura de la diócesis lavó los pies de 12 niños y niñas que ocuparon las “sillas de los apóstoles”.

“Este amor se representa en el lavado de pies, un gesto de servicio, de humildad que tiene un valor universal, porque estos pies que el señor lava, son como el medio, el instrumento que recorre el camino que nos lleva a Dios. Es un gesto sacramental. Tener esa disposición, esa pureza que el señor nos pide para estar limpios”, señaló Elizalde que, con un fuerte operativo de seguridad en la Catedral, brindó una breve homilía. Los feligreses ocuparon todas las bancas del templo, y están volviendo a vivir una Semana Santa más parecida a lo que ocurría antes de la pandemia que azotó al mundo.

Investigación canónica

La denuncia, que está en el juzgado de Violencia Familiar y Género 3, fue asentada en la Justicia ordinaria por la priora de la congregación, la madre principal, y otra monja. Allí se lo acusa a Cargnello, Elizalde y Lucio Ajalla, vicario cooperador de la Catedral Basílica, de violencia de género física, psicológica y económica. Luego de asentada la denuncia, la Justicia dispuso una perimetral para los religiosos y ordenó custodia policial en el tradicional convento San Bernardo.

Según se supo, las denuncias tienen su raíz en un episodio que habría ocurrido hace dos años, pero que recién se denunció penalmente. Según fuentes vinculadas a la Iglesia, la denuncia canónica se asentó primero. Al tratarse de un arzobispo, quien ahora debe juzgar los hechos para establecer si se tratan de faltas canónicas, es el Vaticano. “En octubre del año pasado llegó un comisario para investigar la denuncia por violencia”, indicó a este diario una fuente eclesial reservada.

Las denuncias se mantuvieron en estricta reserva, al punto que ni siquiera los organismos del Estado provincial que deberían asistir y asesorar a las denunciantes de violencia de género pudieron obtener información. “Hay un hermetismo total”, advirtió Federico Uldry, encargado del Polo de la Mujer, al ser consultado.

“La enemistad entre las Carmelitas y Cargnello es de siempre”, indicó una exmonja que también pidió reserva. Según indicó, el origen de la disputa entre la congregación y la cabeza de la Iglesia local, es por la Virgen del Cerro que nunca fue reconocida oficialmente por la Iglesia. “La que supuestamente tuvo primero las visiones de la Virgen es una monja de las Carmelitas, María Livia era del grupo de oración”, indicó la desertora de la vida religiosa, según consignó un medio local.

Lo mismo indican versiones periodísticas que aseguran que el hecho que impulsó la denuncia ocurrió durante el velorio de la priora María de los Ángeles. Una versión señala que Cargnello habría advertido una imagen de la Virgen del Cerro y se había ofuscado al punto de llegar a forcejear y golpear a una monja. Esto habría quedado registrado por el celular de una de las religiosas.

La atípica ceremonia de Jueves Santo celebrada anoche en la Catedral Basílica estuvo marcada por un hermético operativo de seguridad que lo conformaron los colaboradores de la Catedral, por un lado, y por una empresa de seguridad privada contratada. Esta última fue la encargada de limitar el acceso a la prensa hasta varios metros antes de llegar al altar, y de este modo no permitió captar el tradicional ritual del lavado de pies, que en cambio sí fue transmitido por los canales oficiales de la Catedral Basílica. De forma hostil tampoco se permitió desarrollar otros trabajos de labor periodística en ceremonias religiosas de este tipo.

Por otro lado, otra versión ubica también al episodio en el velorio de la entonces priora, pero a diferencia de la otra versión, señala que el enojo del arzobispo habría sido por haber visto albañiles en el convento de clausura.

Un conocido

No es la primera vez que el obispo emérito Martín de Elizalde pisa tierras salteñas a raíz de un escándalo. En el caso del cura Agustín Rosa Torino, preso por abuso sexual a seminaristas, De Elizalde llegó como interventor del Instituto fundado por Rosa Torino: “Hermanos Discípulos de Jesús de San Juan Bautista”.

Fuente: Agenda Salta