Campo amenazado por nubes de tormenta

El mes de junio fue el más caliente desde que hay registros sistematizados a nivel global, y la Argentina no está exenta de este fenómeno.

El mes de junio, que terminó hace pocos días, fue el más caliente desde que hay registros sistematizados a nivel global. Las actuales temperaturas de los océanos tampoco tienen precedente, y el hielo marino antártico ha llegado a niveles de disminución récord. “Estamos en un territorio desconocido y podemos esperar que caigan más récords a medida que El Niño se desarrolla más, y estos impactos se extenderán hasta 2024. Es una noticia preocupante para el planeta”, explica un comunicado difundido el viernes pasado desde la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

Este escenario, del cual, por supuesto, la Argentina no está exenta, es “tan preocupante como esperable”, según sintetizó la comunicadora meteorológica del Servicio Meteorológico Nacional Cindy Fernández, quien explicó que existen dos grandes factores para entender por qué el planeta nunca tuvo promedios globales de temperaturas tan altos como ahora: el cambio climático y el fenómeno de El Niño, asociado a más lluvias en el centro y norte del país.

Después de tres años seguidos de Niñas (sequía), el sector agrícola apuesta a que las precipitaciones esperadas para la primavera y el verano permitan un buen ciclo para los cultivos gruesos (maíz y soja). Según un algoritmo desarrollado a partir de datos de la red de estaciones de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), hay “una definida tendencia positiva de las precipitaciones en concordancia con la presencia de un Niño”, explicó Cristian Russo, de esa entidad.

Planeta en llamas

La semana pasada el planeta superó al menos tres veces el récord de temperatura promedio global desde que hay registros sistematizados y comparables. El promedio global llegó a los 17,18 grados, superando el anterior récord del 14 de agosto de 2016 y claramente por encima de lo considerado como normal, que es una oscilación entre los 15 y los 16 grados.

¿Por qué ocurrió esto? Según Fernández, hay dos factores a tomar en cuenta: el cambio climático, que hace que las temperaturas medias del planeta cada vez sean más elevadas por efecto de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) emitidos por los seres humanos –sobre todo por la quema de combustibles fósiles–; y el inminente fenómeno de El Niño, que es cuando el agua del Pacífico se calienta: “Es como una gran hornalla encendida que le agrega calor a la atmósfera y así potencia aún más al calentamiento global”.

Un dato: el anterior récord de máximo promedio de temperatura planetaria era de 2016, un año que también fue Niño.

Preocupación y expectativas

Según la meteoróloga, lo que se está registrando a nivel de las temperaturas planetarias es preocupante, pero no sorprendente. “Por supuesto que es preocupante, pero lamentablemente también es esperable. Es una evidencia más del cambio climático que estamos atravesando, con el agravante que este aumento de temperatura significa estar muy cerca de llegar a un exceso de 1,5 grados por encima del promedio de la era pre industrial, el límite a partir del cual los científicos dicen que los daños en los ecosistemas pueden ser irreversibles”, señaló la especialista.

Para Fernández, no es una sorpresa que esto esté pasando ahora: “Así lo marcan las proyecciones, hacemos poco y nada por revertir la emisión de gases contaminantes y entonces es esperable que esto ocurra ahora. Una cosa más: con un Niño inminente también es esperable que a lo largo de este invierno nuestro se sigan quebrando récords”.

Fernández explicó que los récords de temperatura promedio global siempre son durante el verano boreal (y el invierno austral) por una cuestión de continentalidad. “El hemisferio sur es todo océano, mientras que el norte es casi todo continente. El agua cambia menos su temperatura que la tierra, que tiene variaciones mayores. Por eso, el promedio global está más influenciado por el hemisferio norte”.

El Niño “inminente”

Fernández detalló que, si bien ya están declaradas las condiciones para un Niño, aún no está ocurriendo el fenómeno. “Aunque le decimos El Niño de forma popular, el nombre correcto es ENOS (El Niño Oscilación del Sur), porque su formación depende de dos fenómenos simultáneos: el calentamiento del Pacífico (El Niño propiamente dicho) y la respuesta de la atmósfera ante esto, que es la oscilación del sur”.

La primera de las condiciones ya está ocurriendo, pero todavía falta para la segunda: “Cuando esas dos cosas se acoplan es cuando se declara oficialmente el ENOS, por eso aún no está declarado y hablamos de ‘inminente’”, dijo.

Y sumó: “La chance de tener un Niño para la primavera y el verano es muy alta. Este fenómeno en la Argentina, sobre todo en el centro y el norte, significa lluvias muy superiores a las normales”.

Por eso, es esperable que traiga inundaciones y lluvias extremas. “Saber esto con anticipación nos da tiempo para prepararnos y adaptarnos mejor, tanto a los ciudadanos como a los gobiernos y actores productivos. Esto ayuda a minimizar sus potenciales impactos”, agregó.

El impacto en el agro

Cristian Russo, de la Bolsa de Comercio de Rosario, subrayó que la inminente llegada de un Niño que no será tan fuerte “genera alivio”, ya que significa precipitaciones, pero con menores chances de eventos extremos como inundaciones o excesos hídricos en general. “El pronóstico se moderó, lo cual no significa que sea un Niño moderado. Va a ser fuerte, pero se esperaba uno muy fuerte”, dijo el experto, para agregar que desde el sector agropecuario esto se ve “como una buena noticia” ya que un súper Niño “eran inundaciones y riesgo de excesos”.

Según Russo, se espera que el fenómeno llegue a sus máximos a partir de noviembre hasta enero, mes durante el cual podría bajar su influencia. “Lo importante es que nos asegura una cantidad de agua extra de entre un 40 y un 60 por ciento por encima de las medias. Sería la contracara de los últimos tres años”, subrayó.

“Después de tanta angustia con la falta de agua, saber esto es darle un poco de tranquilidad al productor, es un alivio. Va a ser importante ver las lluvias de septiembre para el maíz”, dijo. Para la soja, se espera recuperar el área que el año pasado no se sembró por la sequía y las expectativas son de una campaña “muy importante”.

Fuente: La Nación