La agresión del expresidente a la prensa y su declaración indagatoria en la causa por espionaje a familiares de la tripulación del submarino ARA San Juan. Por Gustavo Cirelli.

Hay gestos que expresan más que lo que sucede en el instante en que se realizan. En el mediodía de Dolores, minutos antes de las 12, la mirada precisa del fotógrafo de Télam Fernando Gens captó ese segundo que perdurará como otro indeleble episodio de intolerancia contra el trabajo de la prensa en la Argentina.

En este caso, la acción de arrebatarle un micrófono a un cronista de un canal de noticias, con mueca de sonrisa displicente del protagonista, encarna un episodio de mayor gravedad aún porque quien lo hizo fue presidente de la Nación hasta el 10 de diciembre de 2019, cuando debió dejar su cargo luego de ser derrotado en las urnas y no poder renovar su mandato.

Cuando Gens puso en foco a Mauricio Macri entrando a la sede municipal de Dolores no sólo demostró su calidad profesional, sino que retrató múltiples significados en un solo acto. No es voluntad en estas breves líneas de especular con cuestiones contrafácticas de suponer qué hubiese desplegado el coro de la prensa tradicional argentina si quien protagonizará semejante disparate fuese mujer y también, por caso, hubiese trabajado como presidenta durante dos mandatos.

Foco uno

Poner en foco a Macri significa destacar que la intolerancia repentina de hoy sobre el trabajo de prensa no fue a cualquier canal sino contra la cobertura de C5N, y en particular sobre la labor del colega Nicolás Munafó. C5N es un medio de comunicación cuyos dueños Cristóbal López y Fabián De Sousa fueron perseguidos, espiados y presos en cárcel común. También sus trabajadoras y trabajadores sufrieron la saña de la que fue capaz el macrismo agazapado detrás de un discurso republicano contra las voces disidentes u opositoras a su gobierno. Durante su periodo de gobierno, según denunció el Sipreba, unos 4500 trabajadores de prensa se quedaron en la calle. En 2019, ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en Montevideo, el propio Sindicato de Prensa de Buenos Aires y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) denunciaron que 60 periodistas y fotógrafos fueron heridos en distintas coberturas durante el macrismo. Cabe recordar al propio Munafó padeciendo los gases lacrimógenos en diciembre de 2018 en las inmediaciones del Congreso nacional. Y al más: en la denuncia ante la CIDH se destacó que 20 trabajadores de prensa fueron detenidos durante la gestión de Cambiemos. Entonces, esa sonrisa displicente y socarrona dice demasiado. Por más que sus voceros habituales quieran minimizar lo ocurrido como un irreverente acto de un expresidente que es capaz de decir, por caso, durante una visita a Santa Fe, provincia que padece el narcotráfico como pocas en el país, que él no toma café, sino que lo suyo es el “crack y la heroína”. Particular sentido del humor tiene el exmandatario. Y de la oportunidad.

Foco dos

Es fundamental enfocar, una y otra vez, para que la intolerancia no desplace la centralidad del acto que lo obligó a regresar a Dolores este miércoles 3 de noviembre. Macri tuvo que presentarse a declaración indagatoria en la causa por el presunto espionaje ilegal a familiares de las 44 víctimas del hundimiento del ARA San Juan, en 2017. El paso del jefe político de Horacio Rodríguez Larreta y de María Eugenia Vidal ante el juez federal Martín Bava fue breve, menos de una hora. Junto a su abogado Pablo Lanusse, entregó un escrito, no respondió preguntas y pidió ser sobreseído. Entonces, para reenfocar: más allá de polémicas, intolerancias reiteradas, chicanas judiciales y show mediático, el expresidente de la Nación está acusado de haber sido parte de un supuesto entramado que habría espiado mediante recursos de la Agencia Federal de Inteligencia a familiares que sufrían la pérdida de sus seres queridos dentro de un submarino en el fondo del mar.

Cuando dejó la sede del juzgado, en la calle lo esperaba un puñado de simpatizantes y pocos muy pocos, ex funcionarios. Ni Larreta ni Vidal estuvieron. Sí Gabriela Michetti, Cristián Ritondo, y el ex secretario de Medios Hernán Lombardi, un fiel ladero del exmandatario, cuya mención introduce la importancia del siguiente punto.

Foco tres

Cuando se conoció el acto de prepotencia de Macri al arrebatar con desdén el micrófono, minutos después se hizo pública la certera fotografía de Fernando Gens. La labor del colega de Télam puso en relieve, como ya se señaló, varias cuestiones, pero una que es necesaria recordar y que también viene a poner en foco a Mauricio Macri y todo lo que representa: lo que fue su gestión con respecto al trabajo de la prensa y en especial con los medios públicos con Lombardi como principal responsable debajo de su figura. Entre 2015 y 2019 hubo un plan de vaciamiento sistemático del rol de los medios públicos: tanto de audiencias -con la trascendencia de su impronta federal-, como también de trabajadores y trabajadoras. Haber intentado arrasar con Télam es un ejemplo de la política comunicacional que impulsó el macrismo. La foto de Gens, como la cobertura de los demás colegas de la agencia que estuvieron en Dolores, viene a reafirmar la importancia que ha tenido y tiene la recuperación de la agencia pública y federal de noticias para que la información no quede encorsetada únicamente en el sistema comercial de medios, y, por ende, dependiente de sus intereses múltiples. Una agencia soberana como es Télam permite hoy que la cobertura de sus trabajadores y trabajadoras de prensa tenga la visibilidad y la trascendencia necesaria en cada rincón de norte a sur del país, y en el mundo, para fortalecimiento del debate público y como consecuencia de la democracia. Ese foco también hay que destacarlo. Los medios públicos son parte consustancial del sistema democrático. En la mirada de Gens y su foto está la prueba de la importancia que eso tiene. Si el plan de vaciamiento se hubiese consolidado, a la sonrisa de Macri al robarle el micrófono a Munafó le hubiese faltado un documento periodístico irrebatible. Y eso tampoco debe ser perdido de vista por más disculpas que el expresidente pida en su cuenta de twitter y aclare que “fue un acto reflejo al ver que se me venían los micrófonos encima”. Concluye sus disculpas con el lamento de que el micrófono “haya teminando en el agua”. Un acto reflejo. Que también hizo agua.

Fuente: Télam