En las últimas semanas, movimientos violentos del suelo y el peligro de aludes provocados por la exploración minera del proyecto MARA preocuparon a vecinos del Distrito Choya. “Hace diez meses que esto parece una película de terror, pero es real y tiene responsables”, denuncian.

El proyecto MARA supera tres veces en magnitud a Bajo la Alumbrera, el primer mega emprendimiento hidroquímico del país que desde 1997 explota yacimientos mineros en el departamento Belén, Catamarca. Esta nueva iniciativa se ubica incluso más cerca de la ciudad de Andalgalá (a sólo 17 kilómetros) y en zonas de glaciares, donde nacen los ríos que proveen de agua a la región.

Esta actividad minera implica una perforación de casi 3 kilómetros de diámetro y mil metros de profundidad en la Sierra del Aconquija, considerada “el tanque del agua de Andalgalá” y de pueblos cercanos”.

En diciembre de 2020 se confirmó que el Proyecto MARA es dirigido por una sociedad de tres empresas: Yamana (56,25%), Glencore (25%) y Newmont (18,75%).

Gran parte de la población cercana a Andalgalá rechazó esta iniciativa por dejar pocos beneficios pero sí un impacto socioambiental negativo, como evidencia la decena de denuncias por contaminación y evasión fiscal en estos casi 25 años de extracción en La Alumbrera. Las propias multinacionales estiman que más del 80% de los vecinos no aceptaron el emplazamiento del proyecto.

En esta línea, vecinos autoconvocados del Distrito Choya denunciaron lo que viene sucediendo este último tiempo en su zona. “Por estos días y desde hace 10 meses parece una película de terror pero es real y tiene responsables”, señalaron.

“El pasado viernes 27 de enero a la 01.30 de la madrugada nos despertó el ruido ensordecedor del río que avanzaba. El 2 de febrero a las 03:00 de la madrugada nos volvimos a despertar con un movimiento violento, las vibraciones del suelo, el olor a azufre que parece olor a podrido, ya no es olor a tierra mojada como habitualmente se sentía cuando crecía el río. En esa incertidumbre y oscuridad de la noche en la que no te ves ni las manos porque también se corta la electricidad, nos vemos en la aflicción de estar en vela porque no sabemos si lo que arrastra el río también avanza por la calle o tapando nuestro pueblo”, relatan los vecinos.

También comentan que hace 15 días no tienen agua para beber. “No sabemos cuándo volveremos a tener. En los piletones de los filtros entro el barro que arrastro el río. De igual manera ya no sentimos que sea seguro tomar esa agua, porque cuando sale por el grifo es un barro que termina ensuciando nuestros reservorios de agua. No todos podemos comprar agua mineral. No todos somos proveedores mineros o socios de esta injusticia”, resaltan.

Advierten y son conscientes de que esto se trata sólo de las primeras consecuencias que la actividad minera dejará a su paso: “El progreso solo es para los corruptos y entregadores porque la gente del pueblo solo lo ve pasar. Los que más apoyan esta destrucción son los que más se quejan por estos días. La Pacha habla a través del río, solo está en saber escuchar e interpretar, sabemos que se vienen tiempos mucho más complicados”.

Al mismo tiempo, se preguntan: “¿Acaso debemos esperar que un alud desaparezca a nuestro pueblo para que hagan algo? ¿Debe arrastrarnos el río para que crean lo que sucede? Incluso entonces, lo seguirán negando, son tan necios y cegados por la avaricia que no ven más allá de sus bolsillos y bien estar. ¿Hasta cuándo debemos aguantar esta situación?”.

Fuente: Canal Abierto