Una investigación científica advierte que las abejas no sólo están expuestas a agroquímicos en el ambiente, sino que también los transportan en sus propios cuerpos hasta las colmenas, contaminando la miel con glifosato.
Una nueva investigación científica vuelve a poner en discusión el impacto de los agroquímicos en los ecosistemas y la producción de alimentos. El estudio revela que las abejas pueden transportar glifosato en sus cuerpos desde zonas fumigadas hasta las colmenas. Se convierten así en una vía directa de contaminación de la miel.
El hallazgo surge de trabajos realizados en entornos agrícolas y forestales. Se detectó que el herbicida no sólo está presente en el ambiente, sino que también se adhiere a las abejas durante su actividad de recolección. De esta manera, los insectos terminan introduciendo el contaminante dentro de la colmena, afectando todo el sistema productivo.

Peligro silencioso
Este mecanismo es especialmente preocupante porque ocurre de forma silenciosa. A diferencia de las fumigaciones directas, que pueden provocar mortandades masivas, el transporte de glifosato por las abejas implica una exposición crónica y persistente, tanto para la colonia como para los productos derivados.
El proceso se da durante el pecoreo, cuando las abejas recolectan néctar, polen y agua en áreas donde se aplican agroquímicos. En ese recorrido, el glifosato puede adherirse a sus cuerpos o ingresar a través del alimento, siendo luego trasladado al interior de la colmena.
Diversos estudios ya habían advertido que la miel puede contaminarse de forma indirecta por el uso intensivo de este herbicida en la agricultura. La cercanía entre cultivos fumigados y apiarios favorece este fenómeno, que evidencia la estrecha relación —y también la tensión— entre los modelos agrícolas actuales y la apicultura.
Además de la contaminación de la miel, la exposición al glifosato puede afectar la salud de las abejas. Investigaciones previas muestran que este herbicida altera su microbiota intestinal, su capacidad de aprendizaje y su orientación. Esto debilita las colonias y reduce sus posibilidades de supervivencia.
El problema trasciende lo productivo y se convierte en una cuestión ambiental y sanitaria. Las abejas cumplen un rol clave en la polinización de cultivos y en el equilibrio de los ecosistemas. Es por ello que su deterioro tiene consecuencias directas sobre la biodiversidad y la seguridad alimentaria.
En este contexto, el estudio refuerza la necesidad de repensar las prácticas agrícolas y avanzar hacia modelos que reduzcan la dependencia de agroquímicos. También plantea el desafío de establecer mayores controles sobre las aplicaciones y generar zonas de resguardo para la apicultura.
Fuente: La Diaria



