Massa en China

El viaje del ministro de Economía demostró que la única política de Estado sigue siendo la avidez de divisas para evitar nuevas devaluaciones, a costa de profundizar un perfil primario-extractivo de los bienes naturales. Mientras tanto, la promesa de estabilidad cambiaria sigue sin concretarse y el país hipoteca la naturaleza, la salud y los derechos ambientales de los argentinos. Por Ariel Slipak, Guillermina French y Cristian Fernández, integrantes de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN).

El viaje del ministro de Economía, Sergio Massa, a China en busca de divisas genera interrogantes sobre el lugar de la política ambiental en esta relación bilateral. Es cierto que la falta de divisas en Argentina es una preocupación estructural agravada por la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), por los condicionamientos que establece el organismo en materia fiscal y económica, por la sequía y la falta de mecanismos para evitar que las grandes empresas fuguen el superávit comercial.

Sin embargo, esta mirada exclusiva sobre la necesidad de divisas condiciona la política ambiental y el desarrollo de un plan de transición energética justa en el país. El sacrificio de los bienes naturales sin planificación a largo plazo parece ser siempre el recurso para lograr una estabilidad cambiaria que, de hecho, nunca se concreta.

El creciente vínculo entre China y Argentina no es ninguna novedad. La relación comercial se expande desde inicios del siglo XXI y desde la segunda década de este el país asiático se viene consolidando como una de las principales fuentes de financiamiento y origen de Inversión Extranjera Directa (IED), especialmente en el sector energético, infraestructura y la minería de agua del litio.

Entre los proyectos destacados de inversión china en Argentina se encuentran el financiamiento de parques solares, proyectos eólicos, la remodelación de ferrocarriles, la presencia en proyectos de litio y el sector hidrocarburífero, y la construcción de represas en el río Santa Cruz. Las inversiones de este último proyecto, por ejemplo, generan preocupaciones debido a las vulneraciones ambientales y sociales que han ocasionado y pueden ocasionar, como la afectación de glaciares y especies en peligro de extinción, la falta de acceso a la información y a una consulta libre, previa e informada que les corresponde a las comunidades indígenas y que ya dista de ser previa al inicio de la obra.

Además de la inversión, China también ha establecido acuerdos financieros con Argentina, como el swap de monedas entre los bancos centrales de ambos países y es receptor de préstamos del China Development Bank y el China Export-Import Bank. Argentina, además, es uno de los seis países miembros del Banco Asiático de Infraestructura e Inversión, liderado por el país oriental. La posición de China como socio comercial y financista de Argentina le permite hacer uso de esas asimetrías al negociar con el país y obtener mejores condiciones de acceso a recursos primario-extractivos, que en muchas ocasiones implican la flexibilización de normativa ambiental de nuestro país.

Por otro lado, es importante destacar que esta relación entre China y Argentina se produce en el marco de una disputa geopolítica entre China y Estados Unidos. Estados Unidos ha condicionado su relación comercial y apoyo a la Argentina al interior del FMI con la restricción o límite a la expansión de China en proyectos que se consideran estratégicos en materia energética (especialmente el desarrollo de la que resultaría la cuarta central nuclear de la Argentina).

Pero, ¿en qué medida se considera la agenda socioambiental en esta visita? ¿Se ha considerado siquiera que la celeridad con la que se efectúan estas negociaciones y el foco en la llegada de financiamiento e inversiones vulnera los tiempos de consulta a comunidades y debida circulación de información socioambiental en el debate público?

Un ejemplo nítido que expone cómo la urgencia por conseguir divisas pospone una adecuada planificación de políticas ambientales es la preponderancia de las reuniones con firmas abocadas a la extracción de litio a fines de acelerar de manera simultánea un número muy importante de proyectos, sin tener en cuenta los impactos acumulativos y sinérgicos que tendrán, como el stress hídrico en zonas sumamente áridas en las cuales dicha actividad ya está generando efectos sobre las vegas y cursos de agua que perjudican a la población.

Entonces, lo que termina sucediendo es que el control del tipo de cambio marca los tiempos políticos. La avidez de divisas para evitar nuevas devaluaciones -a costa de profundizar un perfil primario-extractivo- parece ser la única política de Estado que sobrevive a los cambios de signo político y sobre la cual habría un consenso entre las principales fuerzas.

A pesar de que Argentina elaboró su Plan Nacional de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático e intenta avanzar en la implementación del Acuerdo de Escazú, centrado en el acceso a la información ambiental y la participación, las necesidades políticas de corto plazo parecen comprometer e hipotecar el derecho de la población a un ambiente sano y dejar de lado las necesidades de planificación que tienen las políticas energéticas y ambientales, agendas que parecen totalmente ajenas a la visita del ministro Massa a China.

Fuente: DiarioAR