Cianobacterias, la herramienta para recuperar desiertos

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Una innovadora línea de investigación está cambiando la forma en que entendemos la desertificación. En lugar de plantar árboles, científicos proponen recuperar desiertos, reconstruir el suelo desde lo más básico con microorganismos.

Investigaciones recientes estudian la posibilidad de emplear cianobacterias para recuperar desiertos. Se trata de organismos microscópicos que son capaces de convertir arena en un “suelo vivo”, en cuestión de meses.

Durante años, las estrategias contra la desertificación se centraron en reforestar. Ahora la ciencia advierte que el problema no es solo la falta de plantas, sino la ausencia de estructura en el suelo.

Investigaciones recientes muestran que al inocular arena con cianobacterias se puede estabilizar el terreno y generar un sustrato fértil en apenas diez meses, un proceso que naturalmente podría tardar más de una década.

¿Qué son las cianobacterias?

Las cianobacterias son microorganismos fotosintéticos con más de 3.500 millones de años de historia, fundamentales en la evolución de la vida en la Tierra.

En ambientes áridos cumplen un rol clave ya que forman costras biológicas sobre la arena, unen partículas sueltas, retienen agua y crean condiciones para que crezcan otros organismos.

En otras palabras: convierten la arena en suelo. Cuando estas bacterias se establecen generan una “biocostra” que fija el suelo y reducen la erosión por viento hasta en más del 90%. Además, mejoran la retención de humedad y aportan nutrientes como carbono y nitrógeno.

Esto permite que, con el tiempo, puedan crecer pastos, arbustos y otras plantas donde antes era imposible.

Ingeniería para recuperar desiertos

La innovación actual consiste en acelerar este proceso natural. Los científicos desarrollaron “semillas de suelo”. Son mezclas de cianobacterias que pueden dispersarse en el desierto y activarse con la humedad, colonizando rápidamente la arena.

Este enfoque representa una forma de ingeniería ecológica, donde se trabaja con procesos naturales en lugar de imponer soluciones externas.

Aunque los estudios se desarrollan principalmente en Asia, el potencial es enorme. Permitiría la recuperación de tierras degradadas y la mejora de suelos agrícolas. Ello sumado a la reducción de tormentas de arena y a la captura de carbono.

En un contexto de cambio climático y avance de la desertificación, estas “pieles vivas” podrían convertirse en una herramienta clave.

Fuente: Muy Interesante

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